martes, 12 de julio de 2016

No me acuerdo de que era no estar triste :c

Una semana y dos días, una semana y dos días eternamente largos desde el último día en el que fuí realmente feliz, desde la última vez que me reí a carcajadas hasta que me dolió la panza, de la última vez que me dierón un abrazo sincero, que me hicierón sentir querida, bienvenida, aceptada... Extraño tanto esa felicidad que todo lo que veo, escucho o huelo me recuerda a ella; desde caminar por el medio de la calle hasta pasar la tarde en el shopping con compañeras de trabajo. No hay cosa que no me transporte automáticamente al fin de semana pasado; a mis amigas; a mi amada ciudad mágica de Buenos Aires, capital mundial del desencuentro.
Me he pasado la semana sobreviviendo a base de chocolates y golosinas para tratar de curar el dolor de mi alma por dejarlas, ni siquiera ver a mi mejor amiga y compartir una de nuestras habituales charlas de horas me pudo animar un poco, por un momento me olvidaba de todo, volvía a reír y era medianamente feliz comparado con las tardes que pasé en Bs. As.. Pero después me tocaba volver a mi mundo, a la rutina, a consumirme el corazón con fotos y recuerdos, a hacer fuerza para no llorar; porque si llorara me ahogaria con mis propias lágrimas.
Es triste mi situación, por tratar de huír de la rutina, desconectarme y recargar la batería terminé más agotada que antes.
Ellas y esa ciudad hermosa fuerón una inyección de vitalidad y alegría; pero dejarlas... Dejarlas está siendo una tortura, un puta y horrible tortura

No hay comentarios:

Publicar un comentario